viernes, febrero 7

04

“Desde pequeño mi padre siempre quiso darme ese impulso para estar despierto –JA-, recuerdo que algunas tardes de fin de semana llamaba  casa y decía ¿Qué planes tienes para hoy? entonces yo le decía que la tarea, que los videojuegos, que la televisión; al final él decía que tenía que tomar no sé qué ruta de camión y poner atención, pues si no estaba al pendiente de donde debía bajar, podría perderme; siempre fue así, al menos durante una temporadita. en particular recuerdo un viernes por la noche, la ruta creo que era 34 or something like that, y estaba oscuro por todos lados, había poca gente en el camión, tan poca que podía contarlas con una mano, incluido el chofer. entonces de la nada, en medio de la calle, estaban dos chavitos* y lo siguiente que recuerdo fue vidrios por todos lados, la sensación de los vidrios por el rostro y el chofer preguntando que si estaban todos bien”

Hace un frio de la verga, aunado a que no he dormido y el cabello de loco, todo va de la verga. tengo sueño, sueño, SUEÑO carajo.

La ruta del camión se siente rara, es como cuando en la primaria  revuelven a dos grupos, para el nuevo ciclo escolar. todos se ven con recelo, desconfiados; lo único que nos une es el puto frio de la verga que nos deja caer la ciudad poco a poquito. También nos une el querer ir sentados, porque para eso si somos bien dignos todos; el mirarnos como si fuera un trono, que merecemos por el hecho de abordar el camión. me agrada la idea de ser extraños-extraños, antes simplemente éramos extraños, pero existía cierto aire de complicidad, ya saben, siempre terminas con la misma gente, la chica de mirada perdida, la que va maquillándose, el tipo que siempre corre alcanzar a subir, el señor que va con cara de enojado y dice buenos días de la manera más gentil que conoces. todo es extrañamente familiar, eso es, somos una gran familia de extraños con hábitos cíclicos. desconfiamos al ver desconocidos en el terreno familiar que nos hemos ido forjando con la rutina y es una especie de protección que brinda el anonimato.

No sé si todo esto es bueno o malo, creo que simplemente es alguna especie de ocio que solo el frio sabe lograr